Karen Lamassonne

Desnuda astucia del deseo

 

Esta curaduría tiene el objetivo de permitir una mirada completa y nutrida a los procesos desarrollados por Karen Lamassonne en los años setenta y ochenta, período de alta efervescencia en su producción, enlazando diferentes momentos y preocupaciones presentes en su trabajo. La muestra, además de ser un ejercicio reflexivo e investigativo sobre procesos de creación artística en la ciudad de Cali —con respecto a los cuales el Museo La Tertulia ha jugado un rol significativo—, tiene el ánimo de propiciar una revisión de lo producido hace treinta o cuarenta años por la artista, en diálogo y contraste con dinámicas de la visualidad contemporánea. De ahí que, en el marco de prácticas actuales relacionadas con la auto representación vía fotográfica para redes sociales, éste sea un momento interesante para resaltar un cuerpo de obra que nunca había sido mostrado en conjunto y que tiene un fuerte componente autobiográfico y auto-referencial.

 

Tanto hace veintiocho años —fecha de su última exposición en La Tertulia— como ahora, el trabajo de Lamassonne puede verse como un manifiesto de empoderamiento personal, libertad de elección y una afirmación del deseo de un sujeto femenino, con una perspicaz carga herética respecto a la mirada falocéntrica dominante. Asimismo, es un bálsamo para el callo del ojo social, curtido de forma tosca con la avalancha de toda la masa burda de imágenes que circula salvajemente en la atmósfera visual de 2017.

 

Aun cuando Cali ha sido por excelencia una ciudad libertina e hipersexualizada, es llamativo pensar cómo el público asimiló —seguro con una sonrisa condescendiente y la vista gorda— algunas imágenes de la serie Gigantes en Cali de 1989, que rompen con todas las recomendaciones para la buena conducta. Los protagonistas de aquellas pinturas son colosos erráticos llevando a cabo actos íntimos y privados a la vista de todos, en espacios públicos, en una especie de toma territorial física y simbólica.

 

Imágenes como Bajo el puente y Ortiz y La venida de la ceiba, entre otras, funcionan como un rompehielos para las congeladas aguas de miradas puritanas y están llenas de detalles de enigmática sutileza —común denominador en la obra de Lamassonne— que las vuelven agentes sensibilizadores, tan necesarios en nuestros tiempos de ceguera por saturación. Varias imágenes producidas por ella subvierten la mirada hegemónica y desarticulan mecanismos de control y dominación, refrescando la imaginación a través de lo no evidente. Justamente ahí, en aspectos como la aparente simpleza y una entrañable destreza formal, radica la refinada vigencia de la obra de Karen Lamassonne.

 

Han hecho falta más de un par de décadas para que sus obras, que en esta exposición funcionan como un  compendio donde se visibilizan varias relaciones, se establezcan ante todo en su categoría de discretas y punzantes afirmaciones políticas, hechas desde la cotidianidad, sin grandes relatos ni mayores aspiraciones.

 

— Andrés Matute, curador

 

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