Con ocasión de las exposiciones de Fernell Franco y Ever Astudillo, Óscar Muñoz realizó dos piezas que reúne bajo el nombre de “El ejercicio de la empatía” donde recrea las mesas de trabajo de los dos artistas vallecaucanos; Muñoz parte de sus recuerdos y vivencias junto a Ever y Fernell para intentar comprender las poéticas de los artistas a través de la imitación de estos escenarios.

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(…) la empatía consiste en la capacidad o disposición para conocer, sentir y responder congruentemente a lo que otro está sintiendo. En este proceso interviene la imaginación, ya que no necesitamos imaginar ser el otro sino imaginar al otro. A partir de nuestro acervo de conocimiento podemos imaginar, por ejemplo, el orgullo o la tristeza del otro, e incluso narrativizar el trauma del otro (1).

En esta cita se subrayan aspectos que en cierta medida se aplican a los dos trabajos que comprenden El ejercicio de la empatía: mi intento –siendo que un intento es también una disposición– de entender las poéticas en la obra de Fernell Franco (Cali, 1942-2006) y Ever Astudillo (Cali, 1948-2015), de comprender a través de la imitación, y quien sabe si activando las propiedades que se le han atribuido a las llamadas neuronas espejo: codificar mirando algo, primero, para luego producirlo copiando.

Parto por supuesto de la memoria, de mis recuerdos de los dos amigos, de nuestros momentos y conversaciones compartidos durante varias décadas en Cali. Todo ello alimenta este ejercicio empático que además me supuso tratar de comprender sus puntos de vista sobre la ciudad y las imágenes, sus perspectivas sobre la luz y la sombra, así como emplear los mismos sistemas de producción y los materiales que cada artista utilizó en sus obras.

Asumir a Fernell

Quise acercarme a la obra de Fernell asumiendo –término que a Fernell le gustaba usar– su lugar de trabajo cotidiano: entonces, ocupé físicamente el lugar que él ocupó antes. Exactamente allí donde trabajó por años, grabé un video del interior de su casa-taller2 del Barrio Centenario o, para ser preciso, de lo que quedaba de ella en noviembre de 2014; una ruina detenida entre dos estados: los vestigios de la casa que fue para el artista y su familia y los primeros indicios de la que será en el futuro. Su casa, o mejor, el reverso de su fachada, será la imagen protagónica proyectada sobre la mesa negra de trabajo de Fernell. Allí, en medio de materiales, pinturas y bocetos, una naturaleza muerta se debate entre el levísimo movimiento de unos hilos y una imagen congelada; allí, donde apenas se insinúan unas atmósferas creadas por los cambios de la luz del sol e iluminadas con los colores translúcidos del video sobre una fotografía en blanco y negro fijada al papel.

Rever a Ever

Cuarenta años después, busco adoptar la misma perspectiva que animó la obra de Ever. Tomo como punto de partida su casa materna del Barrio Saavedra Galindo3, sector que había quedado aislado del centro de la ciudad por el corredor de la carrilera en la Calle 25 y que haría parte, quizás hasta que se hubiese concluido la renovación urbanística para los Juegos Panamericanos de los años 1970, de la periferia del oriente de Cali. En la obra temprana de Ever se advierte que su mirada, incisiva y persistente, parte de allí hacia el centro de la urbe en una sucesión de perfiles y planos: el primer plano de la silueta desenfocada del hombre testigo y mirante, los techos inacabados y arbitrarios del barrio, las esquinas, las calles en fuga; o el perfil lejano de los edificios del centro de una ciudad que se recuesta sobre el perfil difuso de los Farallones. Al visitar de nuevo este barrio por las tardes, y mirar hacia el occidente, confirmo que esos planos, desde el primero hasta el último, están en contraluz: ¿no está asimismo marcado el trabajo de Ever por ese contraluz, por esa visión que tiende a definir los perfiles de los planos que se traslapan?

Sobre mi reproducción de la mesa de trabajo de Ever puede observarse una serie de bocetos hechos con la intención –otra vez– de copiar, y que aluden al lugar donde estaba su casa (lugar que hoy lo ocupa un puente peatonal elevado), a los diferentes planos que se superponen en el paisaje, y a las calles que Ever fotografió profusamente en aquellos años de 1970. Por otra parte, en una proyección de video sobre la pared, y queriendo suplantar a sus personajes en primer plano, recorro otra vez el Barrio Saavedra Galindo, su ayer y su actualidad, superponiendo de manera caprichosa, planos y perspectivas, fotografías pasadas y recientes4.

Oscar Muñoz, diciembre de 2016

Mis agradecimientos afectuosos a la familia de Fernell Franco y Ever Astudillo por su invaluable colaboración, y a Juan Arias, Hernán Barón, Oscar Campo, Juan Durán, Carlos Lerma y Aura Rico por su generosa participación en este ejercicio.


1 Zylberman, Lior, “A propósito de The Pawnbroker. Trauma, Memoria y Empatía”, VII Jornadas de Jóvenes Investigadores, Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 2013, p. 20.

2 Al escribir su casa estoy tal vez tocando una cuestión pertinente. Su casa del barrio Centenario fue para Fernell su hogar, su estudio fotográfico, su cuarto oscuro, su oficina; pero, asimismo, fue el objeto de un rudo campo de batalla con los Bancos. Como se sabe, por esos años hipotecaron propiedades a colombianos bajo el sistema de las UPACS (unidades de precio de valor constante) quienes sin saberlo terminarían pagando a largo plazo, sumas irreales en cuotas que habían empezado como superminímas.

3 http://cronicasdebarrio-caliviejo.blogspot.com.co/2015/02/historia-barrios-de-la-comuna-8.html 4 En estos recorridos recientes hay imágenes tanto de Juan Arias, Oscar Campo y Carlos Lerma como mías.

4 En estos recorridos recientes hay imágenes tanto de Juan Arias, Oscar Campo y Carlos Lerma como mías.

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