“Alrededor de mis cuadros siempre ronda lejanamente una radiopatrulla, quiero decir que ilustro una atmosfera ilícita con una arquitectura de los treinta, fachadas con arabescos”

“Lo oculto tenía un encanto pues significaba el peligro”

E.A

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La escena del crimen es Cali,  un teatro de cine.  El perpetrador, un joven obsesionado por esa vida tan ajena pero tan propia que se daba en las películas mexicanas que pasaban en el Teatro María Luisa del Barrio Saavedra Galindo de la ciudad de Cali en la década del setenta. El cine es sin duda el cómplice de Ever Astudillo y esta plasmado en cada dibujo que realizó a lo largo de su carrera. Son momentos cinematográficos congelados, historias inventadas en donde algo esta apunto de pasar, o tal vez ya pasó.

La metáfora del crimen en la presente curaduría, no solo habla de lo representado, de ese mundo nocturno, llenos de sombras , de galladas, de camajanes o gevas, de “bajo mundo”, en donde de repente nos sentimos inmersos en un cuadro a cuadro de cine negro. También alude a su manera de asimilar el dibujo.  El crimen perfecto, es el que se realiza sin que nadie se percate. Astudillo logro a través de su obra encubrir de manera sagaz, toda una serie de artilugios relacionados con el dibujo de figuración realista, que concretaron su estilo característico. Sus obras casi siempre en blanco y negro están llenas de indicios de lo fotográfico pero superan el fotorealismo por que no se ciñen a la mimesis total, si no que se preocupan más por generar una atmósfera.

Para los sesentas cuando surge la corriente del hiperrealismo (padre del fotorealismo), este arte representativo era considerado banal por muchos, por ser una mera copia de una fotografía. En este sentido el mismo Astudillo prefería no mencionar la importancia que la fotografía tuvo dentro de sus obras, o simplemente empezó a trabajar sin ellas, pero si con un collage mental de las mismas.  Tal vez por ello solo recientemente, salieron a la luz registros que nos revelan como para Astudillo el recorrer la ciudad , sus sectores deprimidos, el barrio obrero, Alameda, San Nicolás, fue mas importante que estar en el estudio.

Los dibujos de Astudillo, quien realizó sus estudios en el Instituto Departamental de Bellas artes de Cali (1963-1968), son una exaltación de lo urbano,  de la vida cotidiana de barriada. Una constancia de que la ciudad es un escenario latente para el crimen. No es el lado brillante de la misma, vemos  en sus obras la penumbra,  la ciudad marginal,  la ciudad que crecía sin que nadie se diera cuenta, y que  era el contexto de una vida popular efervescente en donde creció el artista.  Sus personajes parecen ser los “antagonistas sociales”, como los denominó Hernando Guerrero, fundador de Ciudad Solar y amigo del artista. Los mirantes difusos, están del otro lado de la luz, y ven un horizonte lejano  que se agudiza por los cielos de un atardecer caleño.

María Wills Londoño

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