Ciudad Solar. Una comuna para la nueva juventud crítica .

Museo La Tertulia. Cali 71, Ciudad de América. Entre proyecto y realidad. V de V.

Extracto del texto curatorial de la exposición Cali 71, Ciudad de América Entre proyecto y realidad curada por Alejandro Martín y Katia González.

Cuatro días antes de que se inauguraran los VI Juegos Panamericanos, Ciudad Solar abrió sus puertas en el barrio La Merced con la exposición colectiva «Nueve artistas colombianos» con obras de Álvaro Barrios, Feliza Bursztyn, Édgar Negret, Omar Rayo, Carlos Rojas y Hernando Tejada. Este espacio alternativo se creó para la convivencia, la creación, la exhibición artística, la cinefilia, el cineclubismo, el debate, la formación compartida y en comunidad. Sus fundadores Hernando Guerrero, Pakiko Ordóñez y Miguel González propiciaron que un grupo de jóvenes, entre los 20 y 26 años de edad, interesados por las artes plásticas, la fotografía, la ciudad, el ver y el quehacer del cine, inventarán una forma de aprender juntos totalmente cómplice con sus búsquedas y exploraciones. Esta experiencia sumó en total seis años, contó con dos sedes que marcan dos etapas con rasgos bien distintivos.

La sede que se inauguró en 1971 era una especie de espacio-comuna en donde convivieron junto al grupo fundador, Pilar Villamizar y Mirtha García. En el laboratorio de fotografía se autoformó una generación de fotógrafos que lo convirtieron en su propia escuela. Para Eduardo La Rata Carvajal, Gertjan Bartelsman y los hermanos Juan Fernando y Pakiko Ordóñez, Diego y Fernando Vélez, Ciudad Solar significó un punto de partida de una larga carrera profesional. Por ejemplo, Carvajal se destacó como fotofija de películas memorables del cine de Cali, cuyos inicios se hallan en Angelita y Miguel Ángel y Agarrando pueblo y los largometrajes de Carlos Mayolo y Luis Ospina, y continúa con la obra de cineastas como Camila Loboguerrero, Víctor Gaviria y Barbet Schroeder. Con sus series fotográficas inmortalizó a Andrés Caicedo y su cámara de video escudriñó el tras escena de las películas, imágenes que ahora se aprecian en el documental Todo comenzó por el fin (2015) de Luis Ospina.

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La trascendencia de Ciudad Solar se debió a los roles tan destacados de Miguel González , Andrés Caicedo, Carlos Mayolo y Luis Ospina en la escena cultural colombiana. González promovió lenguajes que cobraban preponderancia en ese entonces, el dibujo, el grabado y la fotografía, y con gran visión expuso nombres nuevos que luego alcanzaron gran renombre en el campo artístico: Oscar Muñoz hizo en Ciudad Solar su primera muestra titulada Dibujos morbosos (1971) y Fernell Franco expuso su serie de fotografías Prostitutas (1972), realizada en el puerto de Buenaventura. Jorge Madriñán, Gerardo Ravassa y Francisco Rocca también expusieron en la galería de arte tras la apertura de la casa. Caicedo marcó la literatura y el cine colombiano con la mirada certera de alguien que nunca dejó de hacer una lectura profundamente ideológica y original. Su crítica de cine, que se expresaba en sus columnas en la prensa, en el Cine-Club y en la revista Ojo al cine, atraviesa todo su trabajo y deja ver un intelectual de gran potencia que marcaría a sus lectores, y en especial, a sus amigos cineastas con los que compartiría esa pasión por la ciudad, y los vampiros como metáfora privilegiada para entender las fuerzas que rigen la sociedad.

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En términos de gestión cultural fue Hernando Guerrero quien probó ser un visionario en las formas de actuar y de convocar, al fundar una iniciativa que vista a lo largo del tiempo, tal como sucede con La Tertulia de San Antonio, antecede a los espacios artísticos que hoy se denominan “independientes” o “autogestionados”.

Y es Agarrando Pueblo, de Ospina y Mayolo, hija de todo ese ambiente a la vez revolucionario, crítico y libertario, la pieza que cierra todos los engranajes, la otra vuelta de tuerca a Oiga Vea. Contaminada del virus vampírico de Andrés Caicedo, y de la estética del hambre de Glauber Rocha, esta película sigue a unos “vampiros de la pobreza”, cineastas que pagados por el “primer mundo”, coleccionan imágenes de la miseria del “tercer mundo”. Con esta sátira de aquello que Mayolo bautizó como “pornomiseria”, critican la aproximación ingenua, e incluso hipócrita, al arte político en América Latina. Pero lo hacen de una manera sutil, llena de ironía, construyendo un ejemplo pionero de documental falso, donde se convierte la estafa en obra de arte.

 

Fotografías de archivo: Pakiko Ordoñez. Eduardo Carvajal

 

Esta exposición tuvo apertura el 09 de noviembre de 2016 hasta el 23 de junio de 2019 en el tercer piso de la Colección.