Un club cultural que se convierte en Museo de Arte Moderno. 

Museo La Tertulia. Cali 71, Ciudad de América. Entre proyecto y realidad. I de V.

Extracto del texto curatorial de la exposición Cali 71, Ciudad de América Entre proyecto y realidad curada por Alejandro Martín y Katia González.

La exposición «Cali 71, ciudad de América» es un homenaje a los 60 años de fundación de La Tertulia. Ese año, con la realización de la primera Bienal de Artes Gráficas, constituye un momento crucial de consolidación del Museo. El nuevo edificio modernista de inspiración neoclásica, diseñado por la oficina de arquitectos Lago y Sáenz, da cuerpo a la institución como Museo de Arte Moderno, y es un ejemplo notable de la nueva arquitectura de la ciudad y de su concepción urbanística. La Tertulia resulta un ejemplo palpable de que lo que sucede en 1971 no aparece de la nada, y obedece a un proyecto de ciudad que viene siendo trazado desde tiempo atrás, en particular desde una comunidad de empresarios, intelectuales y políticos, que a partir de la década de los cincuenta está pensando cómo construir una ciudad moderna. Para 1968, La Tertulia cuenta ya con una larga tradición de exposiciones y con una importante colección que da cuenta tanto del tipo de arte que se ha venido promoviendo. Donde se ve fuertemente el sello de artistas extranjeros que han decidido quedarse en Cali, así como de otros llegados a la ciudad desde poblaciones vecinas. En particular es notoria la influencia de la crítica Marta Traba, cuya fuerte defensa del arte moderno puede evidenciarse en la colección actual del Museo.

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La Tertulia se creó originalmente en 1956 como un club cultural en una casa del barrio San Antonio bajo el liderazgo de Maritza Uribe de Urdinola. Alfonso Bonilla Aragón, periodista y escritor, en un momento dado llamó a La Tertulia «club subversivo», por el apoyo que prestó a la gran gesta del derrocamiento de Rojas Pinilla, cuando ellos cerraron las puertas de la casa mientras el dictador persistía en el poder. Este espacio de amigos convocados a tertuliar fue ganando trayectoria producto de una intensa programación abierta al debate de temas culturales y políticos, a exposiciones, obras de teatro, lecturas dramáticas, recitales, mesas redondas, cursos de apreciación artística y conferencias donde cabían las ideas más transgresoras que en ese momento se oían en la voz de Gonzalo Arango y su recién creado movimiento nadaísta. Esas palabras del poeta repercutieron en algunos oyentes tanto que al finalizar su presentación, los que se reunieron y se adhirieron a sus ideas conformaron el grupo nadaísta en Cali.

Maritza Uribe de Urdinola estuvo a la cabeza de la gestión y un grupo de amigos integraron la junta directiva: Soffy Arboleda, Leonor Campo de Lega, Miriam Ospina de Borrero, Óscar Gerardo Ramos, Octavio Gamboa, Jaime Lozano y el líder liberal Gustavo Balcázar Monzón.

El mayor interés era provocar una agitación intelectual y aproximar al público a unas ideas y lenguajes diversos de las artes. Entre socios y amigos fomentaron el interés por el cine creando un cineclub y una biblioteca especializada: Jaime Vásquez, Nils Bongue, Eduardo Gamba, además de Uribe de Urdinola, fueron esos primeros promotores de la idea de proyectar cine en 16 mm.

Es necesario destacar que por iniciativa de un grupo de artistas se creó El Taller, un lugar para exposiciones y charlas, ubicado frente a la estación del ferrocarril, en donde confluyeron hacia 1960 las dos vertientes predominantes del arte plástico local: la figurativa, de los hermanos Hernando y Lucy Tejada, Tiberio Vanegas y Ernesto Buzzi; y la abstracta, que lideraban María Thereza Negreiros y Jan Bartelsman. Ambos espacios, La Tertulia y El Taller, junto al Palacio de Bellas Artes, constituían los espacios de circulación de las artes plásticas y hacían visible una comunidad artística local de ese entonces.

La Tertulia propició exposiciones que vistas en retrospectiva abarcaron los dos polos en los que se movía el arte colombiano de los cincuenta y parte de los sesenta; polos en pugna debido al rol decisivo de la crítica de arte argentina Marta Traba cuya atención se centró en formar un público para el arte moderno, menospreciar la tradición artística de expresión nacionalista, validar los abstraccionismos y la figuración que se iba liberando de su fuerte referencialidad temática o formal. En la siguiente lista de artistas, expositores en La Tertulia, justamente subyacen las corrientes que va jalonando Traba. El informalismo, una amplia gama de expresionismos, abstraccionismos y expresiones de nuevo cuño en Colombia como la nueva figuración fueron ampliando el espectro que ofreció el club cultural por doce años: Alejandro Obregón, Lucy Tejada, Hernando Tejada, Omar Rayo, Dicken Castro, Augusto Rivera, Álvaro Herrán, Emma Reyes, Luciano Jaramillo, Armando Villegas, Alicia Tafur, Jan Bartelsman, Enrique Grau, Juan Antonio Roda, Cecilia Porras, José Mina, Óscar Pantoja, Nirma Zárate, Beatriz González, Pedro Alcántara Herrán, Antonio Grass, Gerardo Ravassa, María Thereza Negreiros, Nereo, Francois Dolmetsch, Luis Caballero, David Manzur, Hernán Díaz y Feliza Burztyn.

El apoyo a los Festivales de Arte de Cali de la década del sesenta significó que La Tertulia formara parte del circuito informal de espacios de exposición. Estos eventos se realizaron anualmente desde 1961 a 1970, cuya proyección nacional hizo de Cali un referente cultural sin igual. Los premios de adquisición de algunos concursos como el Primer Salón Panamericano de Pintura (1965) representaron la semilla de una colección de arte latinoamericano que recibió cuando se inauguró el nuevo edificio del Museo de Arte Moderno La Tertulia (1968): María Thereza Negreiros, Enrique Grau, Jesús Rafael Soto, Lucy Tejada, Alejandro Obregón, Fernando de Szyslo y Hugo Cifuentes.

Es de destacar la labor de Maritza Uribe Urdinola, no sólo como la principal fuerza a cargo de la institución, sino también como intelectual pública. Con gran regularidad publicaría columnas de opinión en la prensa, marcando posición frente a los eventos del momento.

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Hay que destacar su espíritu crítico, que la llevó a hacer comentarios muy duros incluso de exposiciones que tenían lugar en La Tertulia cuando notaba que no tenían el nivel necesario y veía que nadie más las criticaba. Pero sobre todo su mirada liberal desprevenida, que le permitía tomar distancia de las políticas oficiales o de los lugares comunes de la prensa oficial. Por ejemplo, ante las revueltas estudiantiles, fue de las primeras en la prensa liberal en defender la posición de los estudiantes cuestionando con dureza a quienes buscaban satanizarlos como subversivos. Enfrentada al poco eco que dio la prensa a la Bienal, cuestionó la institucionalidad que se entregó a promocionar exclusivamente los Juegos y castigó la independencia de este proyecto artístico minimizando su difusión. La Tertulia se mantuvo siempre abierta a las distintas posiciones, y tanto aquellos de izquierda como los representantes de la potencia norteamericana, encontraron allí un espacio para exhibir, buscando siempre aquellos que tanto por sus exploraciones plásticas como por su hondura conceptual hicieran parte del arte más importante del momento. Su interlocutor más directo, Miguel González, quien desde Ciudad Solar y su espacio en el periódico Occidente, fuera el más importante crítico de arte de la ciudad, muy pronto se uniría a ella en La Tertulia, consolidando el lugar desde el que hoy revisamos su historia.

Esta exposición tuvo apertura el 09 de noviembre de 2016 hasta el 23 de junio de 2019 en el tercer piso de la Colección.