En este singular contexto de cuarentena global, los museos estamos realizando distintas iniciativas para seguir jugando un rol de espacio de encuentro y reflexión, y de plataforma para las prácticas artísticas que consideramos más relevantes.

En este momento, el MUAC, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la UNAM de México, habilitó su sala 10, que se añade a las 9 salas físicas con las que ya cuentan, para presentar un programa periódico dedicado a arte que puede comunicarse por Internet.

Francis Alys: Un juego entre ruinas

Inauguran la Sala 10 con una pieza del artista Francis Alÿs, «Fúbol Haram», un video que hace parte de su serie de «Juegos de niños», y que se presenta en la página web del MUAC entre el 23 de marzo y el 5 de abril.


Sólo quedan dos días para poder verlo. Si todavía no ha pasado el día, véanlo aquí.


En el video, en una de las calles en ruinas de Mosul (Irak), nos encontramos a un grupo de jóvenes y niños jugando un emocionante partido de fútbol donde el elemento de quiebre es que no hay ninguna pelota.

Sin embargo, todos actúan como si ella estuviera allí, la patean, la siguen con la mirada, la detienen con el pecho, la cabecean… el portero unas pocas veces consigue taparla cuando disparan a puerta, pero la mayor parte de las veces le queda difícil detener la pelota invisible y debe resignarse a ver a los del otro equipo celebrar con aplausos un nuevo gol.


Es bella la complicidad con el camarógrafo, el mismo Alÿs, que parece ser un jugador más, que corre y gira con ellos siguiendo el balón, comprometido a asumir como real la presencia de ese balón invisible, y consiguiendo hacernos sentir su presencia.

Y mientras el balón corre, nosotros podemos hacernos una idea del contexto de la ciudad destruida por la guerra: el balón cae en uno de los cráteres en la calle que ha debido dejar alguna de las bombas y todos entran en grupo a recogerla; como fondo de cada jugada vemos un edificio del que apenas se sostienen algunas de sus estructuras; los jugadores deben sortear los carros que quedan todos destartalados, sin vidrios, sin llantas y completamente oxidados; y el juego debe detenerse y todos deben hacerse a un lado de la carretera cuando atraviesa la cancha un tanque de guerra.

Todo está tan bien coreografiado que parece real.


¿Es un juego que se da realmente? ¿O es una ficción creada por el artista con los jóvenes? ¿Qué simboliza la ausencia del balón? ¿Qué nos deja ver de la realidad que viven en Mosul?

El texto de sala escrito por el curador Cuauhtémoc Medina nos deja saber que el juego ya existía cuando el artista llegó a Mosul, y que la obra en este caso fue registrarlo y editarlo, y que grabarlo fue cosa de un par de momentos. Y, sobre todo, que la ausencia del balón es señal de otra violencia superior, y de una ausencia terriblemente dolorosa.


«Las condiciones en las que germinó este juego fantasmal fueron complejas. El Estado Islámico dictó muchas prohibiciones (haram) en los territorios que ocupaba, como los salones de belleza, dibujar figuras humanas, todo libro excepto el Corán, algunas mascotas y los juegos de azar. Entre éstas, los islamistas también habían pretendido erradicar al fútbol en su triple función de deporte, pasión y espectáculo. Los motivos de la prohibición eran múltiples: por ejemplo, la desnudez de las piernas de los jugadores contravenía las normas tradicionales de pudor, y la afición a equipos y jugadores llegaba a constituir una idolatría que violaba el principio de adoración exclusiva hacia Allah, uno de los principales postulados que el Islam pregona y que ISIS interpretó de forma radical y brutal. Ciertamente, los yihadistas llevaban al extremo la desconfianza de muchos musulmanes en el Medio Oriente por el fanatismo hacia el fútbol, que como deporte occidental, se percibe como algo degenerado.

Daesh trató de imponer esa proscripción del modo más enérgico. En enero de 2015, la prensa occidental registró un hecho particularmente horroroso: un grupo de 13 niños de Mosul fueron ejecutados por los islamistas, ante una multitud que incluía a sus padres, porque aparentemente habían sido sorprendidos viendo un partido entre Irak y Jordán de la Copa Asiática.»

(Cuauhtémoc Medina)

El juego se acaba cuando escuchan dos disparos, demasiado reales, que los obligan a refugiarse.

En este video Alys nos abre una ventana a ese territorio fronterizo entre Irak y Siria. Nos preguntamos, ¿qué pasará con esos niños hoy? ¿estarán en cuarentena? ¿tendrán donde guarecerse? ¿quién llevar la comida a casa? ¿cómo sobrevivirán sin poderse reunir a jugar? ¿qué estarán jugando solos en sus casas sin internet?


(Resulta particularmente fuerte ese final, de donde tomé la imagen que encabeza este post, cuando algunos de los jugadores dicen su nombre y el de su equipo de fútbol favorito y podemos ver en su pecho cómo han debido arrancarse los logos de las camisetas por la misma ley de prohibición de Daesh).


JUEGOS DE NIÑOS


Esta pieza hace parte de una serie que «Juegos de niños» que Francis Alÿs viene registrando desde hace años como parte de su investigación viajera sobre nuestros modos de habitar el tiempo.

(En su página web, Alÿs nos permite ver los distintos videos de la serie)

Allí ha segiudo a muchos niños jugando juegos simples, con los elementos mínimos, y que siguen tradiciones de siglos, o que tienen múltiples equivalentes en los distintos países y momentos y se trasforman según las carencias de cada uno que se tiene que inventar su propia forma de jugar.


¿A qué jugamos ahora? ¿Cómo habitamos el tiempo? ¿Qué nos ha de distraer en estos tiempos ansiosos? ¿Para los que estamos en la casa en internet con nuestras tele-vidas qué roles creemos que jugamos?