Se ha hablado mucho sobre el Gótico Tropical, pero muy poco sobre la manera en que ha influenciado a artistas de generaciones más jóvenes. Aqui se buscan esos ecos, esos espectros. Quizá el interés de nuestros artistas y cineastas por retomar narrativas del terror, supersticiones y figuras como la de los zombies y vampiros, sea algo más que una particularidad folclórica. Quizá ese interés por retomar creencias que provienen de un mundo rural pero que siguen operando en el contexto urbano; sea una forma de referirse a esos baches insalvables que siempre hay en todo proceso modernizador: todo aquello con lo que se intenta arrasar, se resiste a irse y sigue viviendo entre nosotros de manera fantasmal, como un muerto viviente.

LEER MÁS

Una de las características principales del Gótico Tropical, es que la culpa de todo lo que sucede la tiene el espacio, y no los sujetos. Estos no son agentes de su propio destino sino que son víctimas de espacios encantados, hechizados. La casa se convierte en un centro de poder que corrompe y crea desastres: haciendas a las que llegan personajes que terminan en desenlaces tremendos.

 

Ficha técnica: Izquierda. Los efectos especiales de Jairo Pinilla, Ana María Millán, 2003. Derecha. Carne de tu carne, Calors  Mayolo, 1983

Quizá la casa sea una metáfora de Cali: una ciudad en la que el diablo se quedó encerrado, y en la que los mismos pobladores están tan encerrados como el diablo. Una ciudad que le echa la culpa de todo lo que pasa a esas fuerzas oscuras por las que ha estado gobernada siempre. Una ciudad condenada al eterno bucle de la riqueza falsa. Habitantes víctimas del espacio en el que viven y agentes de nada, como si habitaran un escenario oscuro y atientas, guiados por algún hechizo. Entre los mineros y los trabajadores en plantaciones de caña de esta región, se solía haer un pacto con el diablo para ser capaz de ganar más dinero con menos esfuerzo. Sin embargo este dinero extra ganado bajo el influjo de este pacto no podía ser usado más que para vicios y excesos, y las personas que estaban bajo este trato, tenían muertes absurdas y trágicas; igual los terrenos que eran trabajados bajo el pacto con el diablo, se secaban. Cualquier intento de uso productivo de este dinero, terminaba mal.

Los habitantes de Timbiquí dicen que Dios le dio al diablo el oro como su parte del mundo. Primero fue el oro, y después la coca, pero la lógica es la misma: estos elementos son materias oscuras que pueden tomar cualquier forma. Esta versatilidad y esta relación con la riqueza producen sevicia en los hombres. Esta parece ser una prehistoria lógica del narcotráfico: un exceso que no va para ningún lado, una bonanza que sólo lleva a la auto-destrucción.

El narcotráfico se vivió en Cali como una fuerza oscura latiendo. Quizá las obras de Ana María Millán y Giovanni Vargas reproducen la estructura narrativa que caracterizaba los años noventa en Cali: un continuo suspenso que anunciaba que lo peor estaba a punto de pasar, pero nunca llegaba del todo, una trama que nunca se desarrolló, sino que fue creciendo entre nosotros de una manera soterrada, haciendo que el miedo y la desconfianza se naturalizaran, cambiando nuestra manera de relacionarnos con la ciudad y con el futuro. Es esa forma particular en que se da la guerra (léase terror) en nuestro país. Mecanismos de un terror hechizo. Un thriller de gente bailando en medio de cañaduzales.

Curaduría: Éricka Flórez

*Ficha técnica de imagen principal: De la Serie Natascha, Giovanni Vargas, 1998

Galería

Eventos Relacionados

Más Exposiciones